La otra noche, rebuscando entre los cajones del salón —esos donde se acumulan cables de móviles que ya no existen y mandos sin pilas desde 2014—, encontré mi vieja copia
No recuerdo qué estaba buscando. Solo que abrí el mapa, señalé un punto al azar y puse rumbo a él. Era una isla diminuta. No tenía nombre. Ni enemigos. Ni