Repasamos el No E3 2026: el mejor Summer Game Fest de Geoff Keighley, una Xbox desnortada, Gen Atlas de Fumito Ueda, Resident Evil Veronica, Final Fantasy VII Revelation, Persona 6 y ese Ocarina of Time sin apellidos que vuelve a contar la leyenda con el mismo nombre.
Hace casi un año analicé Hell is Us. Lo que no conté es que terminé cartografiando a mano un país inventado en una libreta de cocina. Un A FONDO sobre la memoria, el exilio y los archivos: de la biblioteca quemada de Sarajevo a cinco símbolos copiados a mano junto a la lista de la compra
Analizamos 007 First Light, el regreso de James Bond al videojuego de la mano de IO Interactive: por qué no reinventa el mito sino que lo ordena, y por qué solo el videojuego podía contarlo así
Cartografías Level Up!
Rockstar: el precio del atardecer
Cuatro ensayos sobre la fábrica de sueños más polémica de la industria. Serie completa.
Un cuento de Borges, la niebla de la Nintendo 64 y un camello de Google Earth. Por qué el recuerdo más nítido de Ocarina of Time es un descampado vacío, y por qué el mapa perfecto —el que Breath of the Wild te obliga a dibujar— es siempre, como sabía Borges, un mapa muerto.
Atsumori lleva seiscientos años repitiéndose en el mismo escenario y nadie se cansa. Por qué Zelda no es repetición perezosa, sino liturgia: el rito, el calendario y el gesto que vuelve.
«¡Lárguense a su casa, fragmentos!» Hyrule como desierto metafísico: la leyenda de Zelda contada a través del fragmento, el vacío y la línea temporal de la derrota.
Bardos, tapices, oráculos arbóreos y una Piedra de Rosetta jugable de 1991. Por qué Zelda es la única saga del videojuego AAA que ha aceptado el oficio del cronista: escribirle los anales a un reino que no existe.
Cuando veo a Sugawara en Stranger Than Heaven tengo la impresión de que alguien está saldando una deuda. Cuando veo a Tupac, de que alguien está cobrando una deuda
Cinco películas de Daniel Craig deconstruyeron a James Bond pieza a pieza. IO Interactive ha decidido hacer la operación inversa, y dedica veinte horas a volver al taller donde la vajilla se fabricó. La respuesta no tiene absolutamente nada de posmoderna.