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UNIRME POR 6€/MESSuena Creep, de Radiohead (1992). Tema que marcó un punto de inflexión en la música alternativa de la época. Escrita a finales de los 80 por Thom Yorke, nace de la inseguridad amorosa sentida por el vocalista durante su época estudiantil. Exhibe su obsesión por una mujer que narra como inalcanzable a la que Yorke perseguía en secreto. Una brutal confesión cantada con una mezcla de la autocompasión y miseria emocional por la que atravesaba su autor. Cada verso representa para él una flagelación autobiográfica. Pero nos enseña que la música funciona como un potente puente hacia el recuerdo, consolidando momentos a largo plazo al evocar emociones y activar múltiples áreas cerebrales. Permite reinterpretar momentos, lugares y personas con ese añadido estimular que otorga una banda sonora.

Hay un momento en Mixtape donde el personaje de Van Slater le confiesa a su amiga de la infancia Rockford, su inseguridad respecto a mostrarle su música. La obra disecciona al autor como una rana y penetra hasta sus entrañas. Quién lo haga, lo estará viendo directamente a él. Un compromiso que puede resultar algo intimidante si se empieza con grandes pretensiones en mente. El desnudo metafórico al que se somete el creador puede parecer algo peliagudo incluso frente a las amistades de toda la vida. Uno no sabe a ciencia cierta si dice demasiado sobre sí, sobre ciertos momentos de la vida, aunque “no te escuche ni dios”. “¿Y si me escuchas y te das cuenta de que estoy pirado?”.

En ese momento de recuerdo compartido entre personajes, entendí la profunda contradicción en la que busca ahondar la breve obra de 'Beethoven & Dinosaur'. Por otro lado, tenemos a (Little) Rockford, la protagonista de nuestra historia. Una adolescente claramente neurodivergente que vive su coming of age particular acompañada siempre de la banda sonora perfecta. Cuando Rockford se pierde en un desbarajuste emocional, sus cascos la rescatan de la fuerte corriente y la elevan a metros en el cielo. Mientras Slater crea su música con fines de expresión emocional, Rockford ajusta sus cascos y entra en su zona de confort privada. Como un regreso a aquella cabaña secreta del bosque donde sólo cobijas a tus más afines.
Mixtape, a través de sus personajes, nos desvela las figuras que conlleva necesariamente la existencia del arte: el del creador y el espectador. Mientras el creador materializa y hace pública su verdadera naturaleza a través de la obra, el espectador crea un momento de conexión personal e íntimo que trasciende la figura del autor y se restringe a la individual. Porque nuestras emociones sólo nos pertenecen a nosotros mismos. Por otro lado, la combinación estética entre la ensoñación narrativa y la animación Stop Motion refleja perfectamente esa concepción de la evocación reinterpretada del recuerdo vivido que tan bien nos transmite.

Mixtape concretiza esa conexión entre el recuerdo vivido y la música haciendo partícipe al jugador a través del videojuego y sus mecánicas. Añade con ello un tercer elemento a la ecuación en su forma más primitiva. La simplicidad de las mecánicas tiene una potente intencionalidad narrativa: el control activo del jugador se reduce al mínimo exponente para demostrar la potencia emocional que guarda el simple acto físico del input. No existen combates épicos, no tiene mecánicas complejas, ni sistema de habilidades o granjeo de experiencia. No tiene nada de lo que se le exija a un título contemporáneo. Simplemente un cándido esfuerzo por sumergirte en su compás, a través de momentos simples pero que recordarás toda la vida: como descender en carretera con monopatín, lanzar papel al viento, barrer la entrada de la cabaña o batear un home run en un estadio vacío. Demuestra que la fuerza narrativa yace en los momentos más anodinos de la vida.
Mixtape busca conectar con el jugador a un nivel donde no hace falta más pretensión que una actividad a la altura de la mera cotidianidad. Sin más exigencia que nuestra mera presencia. Sin más esfuerzo que el pulsar rewind y play en nuestro reproductor CD. Mixtape no necesita a un héroe: necesita que vayas a la fiesta, vacíes latas de cerveza y te tires a la piscina. Que cuentes tus anécdotas, hables de tus sueños y llores por amores perdidos, como los hemos llorado todos.
Eso sí que es un gran hit.
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