Una cinta grabada en Melbourne sobre una California que solo existió en E.T. y en American Graffiti. Sobre Mixtape, la nostalgia como modo de producción y la sospecha de que ya no estamos imaginando un futuro, solo reciclando un pasado que tampoco fue nuestro.
Hay un reproche que orbita sobre Mixtape desde el primer minuto: que apenas es un videojuego. La acusación es injusta, pero no del todo. Lo interesante no es responderla. Lo interesante es preguntarse por qué, después de quince años, seguimos teniendo que responderla.
Llevo diez meses sin poder desinstalar este juego y no sé si eso es un elogio o un diagnóstico. La sinceridad bruta de Kojima convierte sus peores diálogos en algo que escuchas con atención porque percibes, detrás de la torpeza, urgencia.